Two, three, four! La primera noche de blues, de llegar y no tener ni idea de nada, pero… de revivir con una dosis exacta de felicidad. Una inyección con un piano, un bajo, una guitarra eléctrica, una batería y una armónica de base. ¿Alguna vez has llegado al punto de bailar sin darte cuenta? ¿Y si en realidad la canción hablaba de tristezas amorosas?
Una de las noches más pintorescas. Jamás podría haber llegado a imaginar que visualizaría a dos señoras de 60 años (aprox.) vestidas de charlestón y bailando rock ‘n roll… como si nada. Porque todo ocurrió como si nada. Así me creí ese “I’ve been lovin’ you babe” que nos cantó Gene Taylor, un señor pianista que vivió aquel Woodstock del 69. De repente, me sentía un poco estadounidense… entre tanto All right! y gestos de Ok con la mano…
Si tú tienes la oportunidad de ver que alguien disfruta con lo que hace… tú, por norma, te contagias. Por esta regla de tres:
- te pone en movimiento ver a una pareja concentrada en sus bailes (de esos que parecen salidos de Grease)
- te sabe mejor una cerveza si el ambiente está acalorado por felicidad
- sonríes si el guitarra sopla con toda clase y elegancia la ceniza del cigarro que le aguantan las cuerdas de su instrumento
- y te emocionas si el hombre que toca la armónica, con su cara tímida, acaba haciendo un solo de los que ponen los pelos de punta…
Ha sido mi primera vez. Pero pienso ser más feliz, y más veces en esta vida. Quiero volver a ver otra mezcla de personas que a priori no tienen nada que ver juntas…