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Noviembre (no) dulce

Siento no ser esa clase de persona que se estancaría eternamente en un bucle de vida contemplativa. Siento no ser tampoco persona constante del todo al día y del todo bajo control. Siento admirar a aquellos del cigarrillo y la máquina de escribir, a aquellos del “buenas noches y buena suerte”, y siento reprochar que no siempre se salga hoy a la calle a hablar con la gente sobre lo que vive, siente, sufre o disfruta. Siento haber probado a qué sabe eso de vivir en una ciudad con cuatro estaciones y mirar de lejos las banalidades a las que prestamos atención en este, nuestro país. Siento no compartir la política de hoy en día, y más lo sentiré si esto sigue así. Siento pensar a veces en “el exilio”, porque mi cultura me gusta. Y mucho. Siento trabajar a la vez que estudiar, y tener proyectos a la misma vez que esto último. Siento ser amable, porque no todo el mundo tiene claro que es algo completamente gratuito. Siento enviar postales en blanco y negro, y dibujar nubecitas en todas ellas hasta llegar al horror vacui. Y siento engañaros, porque en realidad no lo lamento todo. Son decisiones.

Es tiempo de que todos nos pasemos revista.

Mundo

El Mundo. Todo el mundo contento, todo el mundo enfurecido, todo el mundo indignado… Los felices años y sus posteriores grandes depresiones. ¿Dónde está el hablar la mitad para escuchar el doble? ¿Quién le dijo a los políticos que iban a convertirse en familias reales? ¿Quién te contó a ti que la universidad lo consigue todo si no te entusiasmas con lo que estudias? Es la historia de “cuando nada cae del cielo”, pero también de cuando “a mí nadie me enseñó lo que era la creatividad y el entusiasmo”. Es la historia de los años dos mil, de no rebuscar en el pasado para corregir el futuro. Aviados vamos…

Bcn

 

Tu mundo. Todo tu entorno contento, todo tu entorno crítico, todo tu entorno de repente con ganas… Los años entusiastas y sus posteriores grandes resultados. Hablé (opiné gratuitamente) la mitad, para actuar el doble. Obligué pacíficamente a las personalidades casposas a que acabaran con sus insultantes formas de vida. Estudié e investigué aquello que me despertaba simple curiosidad. Que al fin y al cabo… ya no era poco. Fue la historia de la casualidad, pero también del sacrificio. Fue la historia de La historia interminable, valga la redundancia. De rebuscar en el presente para cambiarlo. En ello estamos…