Siento no ser esa clase de persona que se estancaría eternamente en un bucle de vida contemplativa. Siento no ser tampoco persona constante del todo al día y del todo bajo control. Siento admirar a aquellos del cigarrillo y la máquina de escribir, a aquellos del “buenas noches y buena suerte”, y siento reprochar que no siempre se salga hoy a la calle a hablar con la gente sobre lo que vive, siente, sufre o disfruta. Siento haber probado a qué sabe eso de vivir en una ciudad con cuatro estaciones y mirar de lejos las banalidades a las que prestamos atención en este, nuestro país. Siento no compartir la política de hoy en día, y más lo sentiré si esto sigue así. Siento pensar a veces en “el exilio”, porque mi cultura me gusta. Y mucho. Siento trabajar a la vez que estudiar, y tener proyectos a la misma vez que esto último. Siento ser amable, porque no todo el mundo tiene claro que es algo completamente gratuito. Siento enviar postales en blanco y negro, y dibujar nubecitas en todas ellas hasta llegar al horror vacui. Y siento engañaros, porque en realidad no lo lamento todo. Son decisiones.
Es tiempo de que todos nos pasemos revista.
